Por medio de un traje de buzo patentado por Arnold Lande, un cirujano de corazón y pulmones junto a un líquido con características especiales que permitirían respirarlo.
El líquido en cuestión es una versión altamente oxigenada de perfluorocarbono o PLC el cual tiene la capacidad de almacenar grandes cantidades de gas. Este estaría dentro de un casco que reemplazaría la totalidad del aire en los pulmones, nariz, oidos y todos los conductos respectivos.
Todo el CO2 que pueda ser emitido en el proceso de respiración sería eliminado de nuestra sangre por medio de una branquia artificial en la pierna que está conectada a la arteria femoral en una pierna. Después tendríamos que pasar por un proceso de acostumbramiento sicológico a la idea de respirar de una manera tan distinta, dejar de creer que nos estamos ahogando y permitir que el líquido entre a los pulmones. Después de todo no es el agua lo que nos ahoga sino la falta de oxígeno.
Este método de respiración permitiría que buzos puedan descender a profundidades nunca antes alcanzadas y dejar de preocuparnos de las consecuencias y tiempos de re-adopción del hecho de haber descendido a una profundidad grande.
